
Con la muerte en los talones, estrenada en 1959, es un thriller de espionaje de Alfred Hitchcock protagonizado por Cary Grant como Roger O. Thornhill, un publicista neoyorquino cuya vida profesional impecable se desmorona cuando una confusión de identidad lo convierte de la noche a la mañana en fugitivo.
En el bar del hotel Plaza, Thornhill hace una seña a un camarero y unos espías creen que es George Kaplan, un escurridizo agente del gobierno. Lo secuestran, lo llevan a la finca de Townsend y lo obligan a beber whisky antes de simular un accidente automovilístico provocado por la embriaguez.
El accidente no lo mata y la policía duda de su relato. Al intentar demostrar que fue secuestrado, Thornhill llega a las Naciones Unidas, donde asesinan al verdadero Lester Townsend. Unos periodistas cercanos fotografían a Thornhill junto al cadáver.
Huye por el Medio Oeste y descubre que Kaplan es un señuelo deliberado creado por la organización de inteligencia estadounidense del Profesor, cuyo nombre nunca se revela. En una subasta, Thornhill se encuentra con los espías, escapa por un campo de maíz y finalmente llega al monte Rushmore, en Dakota del Sur.
La mujer que ayuda repetidamente a Thornhill es Eve Kendall, interpretada por Eva Marie Saint. Su encuentro coqueto a bordo del tren 20th Century Limited oculta su vínculo con el enemigo. Kendall trabaja para Vandamm, un sofisticado agente extranjero, mientras ayuda a los agentes estadounidenses.
La interpretación de Saint dota a Kendall de ingenio y vulnerabilidad, especialmente cuando debe mantener su tapadera mientras Thornhill sospecha que lo traiciona. James Mason interpreta a Vandamm con aire amenazador, y Martin Landau da vida a Leonard, su asociado, cuya ambigua intimidad con su jefe complica aún más las cosas.
Hitchcock convierte lugares estadounidenses reconocibles en escenarios de acción: la Grand Central Terminal, el Plaza, las Naciones Unidas, la pradera cerca de Chicago y el monte Rushmore. La célebre secuencia del avión fumigador transforma un campo abierto en un campo de batalla y se apoya en el suspense, no en el ocultamiento.
El diseño de la película estuvo a cargo del director artístico Robert Boyle, quien contribuyó a crear el clímax del monte Rushmore con decorados de estudio y rodaje en exteriores. El guion de Ernest Lehman equilibra equívocos cómicos, diálogo romántico y peligro creciente, y no revela la identidad de Kaplan hasta que todo queda claro.
La música de Bernard Herrmann, incluido su urgente tema principal de metales, imprime a la película un ritmo incesante. Saul Bass diseñó la célebre secuencia de títulos, con líneas geométricas y tipografía antes del comienzo de la acción. Los créditos iniciales anuncian de inmediato movimiento, disfraces y persecución.
Con la muerte en los talones se convirtió en una de las películas más admiradas de Hitchcock y en un gran ejemplo del thriller del «hombre equivocado». Recibió tres nominaciones a los premios Óscar, entre ellas la de mejor guion original para Lehman, pero no ganó ninguna. Su influencia perdura en los thrillers posteriores.
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